martes 5 de agosto de 2008

Pero cuando te caigas… hazlo con estilo

Cuándo te caigas, ¿qué?, porque te aseguro: te vas a caer.

Tarde o temprano todos nos caemos aunque, claro, tratamos de hacerlo con estilo: sin que se mueva la corona (¿verdad Ximena?).

Ahí les va una caída con estilo:

El cuate que está escalando, utiliza una técnica conocida como escalada libre en fisura, es decir, conforme va escalando coloca dispositivos mecánicos en la roca que impiden que se vaya al suelo. En otras palabras, la cuerda y las protecciones están allí solo en caso de una caída y nunca para ascender.

Lo interesante es que para el segundo 45' del video, claramente puede verse que el escalador está agotado. Al trabajar con poco oxígeno, los músculos de sus brazos deben de estar completamente entumidos, y su última protección (por lo menos 3 metros por debajo de sus pies) promete una caída de al menos 6 metros…

Pero él continúa subiendo, repitiendo cada movimiento en forma casi mecánica ya que visiblemente cada paso es más doloroso que el anterior.

Entonces, ¿qué pasa por la cabeza del que se va a caer?: ¿seguiré subiendo?, ¿quizás pueda regresar?, ¿por qué no traje más protecciones?

Si se fijan en su arnés, no lleva más y no las necesita pues aceptó la caída desde antes de empezar a subir.

Aceptar la caída no es lo mismo que condicionarse a caer. En la primera, la posibilidad de caer es parte de ascender, mientras que en la segunda, simplemente te caes. Entonces, la diferencia está en el nivel de compromiso, en arriesgarse para alcanzar metas más altas o más difíciles. Piénsalo, si nunca te caes es porque no te esfuerzas lo suficiente.

martes 15 de julio de 2008

Güey, no te caigas

Hace unas semanas Vida (aka the sitebreaker) me regaló esta postal con una pequeña sonrisa sádica, de esas que sólo ella sabe.

tania1
Ilustración de Tania Juárez
www.elilustradero.com

En la parte de atrás se lee: “Cuando eres rey, la parte más difícil de aprender ballet es mantener tu corona en equilibrio.”

Ja, ni sé bailar y aunque me gusta el ballet, jamás se me ocurriría intentar lanzar una arabesca, en tutú, tratando de mantener en equilibrio una corona. ¿O sí?

Después de pensarlo unos momentos, esa clase de espectáculos los doy cada día. Me piden brincos y brinco. ¿No gusta? Vuelvo a brincar. ¿Más alto? Ahí te voy. ¿Que siempre no? No pasa nada. Y dos pasitos para delante, tres para atrás y… quiebre. ¿No que no? Pero apúrale que vamos tarde o si no, ya mejor ni me lo mandes que por aquí me lo hacen más barato.

¿Y la corona? Si la traía puesta, se me cayó. No hay forma. Cuando tienes una entrega, perder la compostura es lo de menos. Mal que bien, siempre tendrás la oportunidad de reivindicarte frente a tu equipo, tu empresa o incluso el mismísimo cliente… pero si no entregas, pues cliente no hay más.

Ahora que cuando entregas, cuando por fin sales al aire… Cuando a pesar de todas las dudas y errores, liberas un proyecto y ese proyecto lograste llevarlo más allá, mucho más allá de lo que cualquiera hubiera esperado, la satisfacción es más profunda y mucho más durable que la de haber sido coronado rey.

Y Vida, mi muy querida Vida, el que todavía trae puesta su corona es porque no ha salido a bailar.